El desafío liberal

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(Final de la peste socialista)

(Por Javier Nieves Brizuela) .- El socialismo es uno de los productos más elaborados de la pobreza; de no haber pobreza no habría socialismo. Pero el crecimiento exponencial de la pobreza, a nivel de epidemia, sólo puede derivar en la conversión del
propio socialismo a la condición de peste.

Hacia la baja Edad Media, la preocupación por aumentar la capacidad
productiva de la tierra y producir más alimentos condujo a la adaptación
de unos cambios en el arado; le fue aplicado un ajuste de 15 centímetros a
su longitud y seis a su diámetro. Reformado a partir de esta innovación,
que supuso adicionar un buey a la yunta, el arado rindió surcos más
amplios y más profundos, lo que a su vez garantizó un mejor y mayor
germinado, redujo la pérdida de granos y aseguró una mayor cosecha,
tanto en extensión de tierra labrada, como en más y mejores productos.
Esta “pequeña” modificación del medio de producción produjo un “boom”
económico no imaginado, convirtiendo a los nuevos centros productivos
en mecas que atrajeron a centenares de miles de hombres y mujeres que
soñaron con participar de aquella repentina prosperidad.

Este “boom” dio inicio a la formación de centros urbanos improvisados y que no
respondían a planificación alguna, una de cuyas características más
resaltantes era la falta absoluta de servicios, incluida en ella la ausencia de
cloacas para las excretas de los nuevos pobladores, que por esta razón,
corrían como vertederos por las calles abiertas.

Una cosa trajo la otra, con el añadido de un peligrosísimo roedor llamado Rata, que vivía de las excretas y cuyo cuerpo era el portador de un tipo de pulga responsable dela Peste Negra, o Peste Bubónica. Había llegado el Ángel de la Muerte para
llevarse a 50 millones de almas europeas.

Todas las características de la peste están contenidas en el socialismo.
Funciona como una enfermedad infecciosa, es contagiosa, es transmitida
por parásitos de ratas, puede propagarse como epidemia y luego como
pandemia, y contiene una altísima e incontrolada mortalidad, social,
política y económica. Hay una sola forma de impedir esa infección:
eliminando la pobreza y aplicando un férreo sistema higiénico y de
salubridad.

Pero cómo puede ser vencida la pobreza? ¿Qué es eso, realmente? ¿En
qué consiste?

El diccionario define las palabras “pobre” y “pobreza” como “la persona
que no tiene lo necesario para vivir”, y “escasez o carencia de lo necesario
para vivir”. Pero esta definición del diccionario no ayuda a entender cómo
es que millones de personas de un país con colosales recursos naturales
pueden llegar a la miserable situación de no poder tener lo necesario para
llevar una vida digna. Esto no cabe en ninguna cabeza normal. Esto no
tiene “lógica”.

El español es un dialecto del latín, por tanto, la familia lingüística de la que
proviene la palabra “pobre” es la indoeuropea. Es allí donde encontramos
dos raíces latinas que sí nos ayudan a entender lo que nos ocurre y la
manera de resolverlo: la raíz “pou”, que significa “poco, pequeño”, y la raíz
“per”, que significa “producir o procurar”. Ambas raíces son adjetivos, es
decir, que definen cualidad. Entre las dos raíces construyen la palabra
“pauper” (pobre), cuyo significado en español vendría siendo “que
produce poco”. Y de las palabras “pauper” (pobre), se desprenden otras
familiares como el adjetivo superlativo “paupérrimo” (extremadamente

pobre), y el verbo “depauperar” (empobrecer, debilitar o extenuar). Como
este último es un verbo, y el verbo es acción, es de suponer que la acción
la lleva a cabo “alguien”; que lo que ocurre no sucede por arte del Espíritu
Santo.

Definitivamente…, los antiguos eran gente muy sabia.

Entonces nuestro problema consiste en que hay millones de personas que
estamos “produciendo poco”, razón por la cual “carecemos de lo
necesario para vivir dignamente”. Esta incapacidad para producir
suficiente se ha convertido en un problema extremo, lo que ha hecho que
la nación entera ingrese a una situación paupérrima. De modo que de
nada han servido los colosales recursos naturales que existen en el
subsuelo (petróleo, oro, diamantes, etc.); no estamos haciendo lo
necesario para transformarlos en riqueza, lo que sólo es posible a partir
del trabajo creador. Esto nos lleva a pensar…, ¿somos nosotros mismos la
razón? La respuesta está en el verbo…, en “depauper”. Alguien, o algunos,
están llevando a cabo la acción del verbo depauperar, empobrecer,
debilitar, extenuar…

La horrible e insólita situación a la que hemos llegado ha sido provocada;
no es el resultado de una cadena de equivocaciones, sino la consecuencia
lógica de un plan deliberadamente concebido para producir pobreza, es
decir, para extenuar a la nación, debilitar a sus instituciones, empobrecer
a sus miembros y construir así una base de sustentación social que
permita sostener y mantener en el poder a una casta burocrática y
perversa que parasita del erario público. Es lo que he dado en llamar
“Depaupericracia”. Un sistema de gobierno instalado con el proyecto ex
professo de producir pobreza. De allí la destrucción del sistema de
propiedad privada, la expropiación y destrucción de empresas
productivas, la destrucción de las instituciones democráticas, la
eliminación de la seguridad jurídica y la sistematización del paternalismo

asistencial para otorgarle limosnas a la masa empobrecida, a través de
bonos, aumentos insensatos no soportados por ninguna producción de
bienes y servicios y la aplicación de una práctica socialmente
segregacionista como es el denominado “Carnet de la Patria”. El grupo
que administra este sistema perverso es la pulga de la rata que produjo la
peste negra.

La producción masiva de bienes y servicios de calidad es la única vacuna
contra esta infección. Para su aplicación efectiva, es imprescindible que la
rata sea controlada. Sólo el liberalismo económico puede garantizar que
los recursos naturales existentes sean sometidos a un proceso de
transformación y producción masiva de riqueza que conduzca a una
sociedad de hombres libres y ricos. Tener claridad en este asunto nos
ayudará a construir el liderazgo correcto para ponerle punto final a la
peste socialista.

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