Con Bolívar logramos la independencia, pero aún no hemos conquistado la libertad

(Por Santiago Rodríguez)

Los venezolanos no hemos tenido nunca una acertada definición de la palabra libertad y justamente ahora que la hemos perdido necesitamos entender su verdadero significado. Hoy todos la nombramos y la anhelamos, pero cuando la pronunciamos no le damos el mismo significado.

Juan Bautista Alberdi hace una importante diferenciación entre libertad externa e interna, explicando que si bien nuestros libertadores consiguieron la independencia del dominio español, aún queda por conquistar la libertad interior, la cual implica el aprender a ser libres. 

Para Alberdi nos liberamos de la monarquía borbónica para pasar a ser siervos de la patria; la omnipotencia de los reyes tomó el lugar de la omnipotencia de la patria o del Estado.

La emancipación de la América Española no aseguró por añadidura la libertad interna o individual de sus ciudadanos. Aunque el concepto de independencia sea análogo al de la libertad del individuo, no es el mismo, y el esfuerzo para conseguir la primera no siempre se ha traducido en un acrecentamiento de la segunda.  

Así Alberdi, padre de la Constitución liberal Argentina sentenció que “después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional: he aquí toda la diferencia. Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios”.

La Patria, tal como la entendían nuestros próceres, dice Alberdi, era una institución con poder omnipotente y sin límites respecto de los individuos de que se componía.

“La Patria, así entendida, era y tenía que ser la negación de la libertad individual, en la que cifran la libertad todas las sociedades modernas que son realmente libres. El hombre individual se debía todo entero a la Patria; le debía su alma, su persona, su voluntad, su fortuna, su vida, su familia, su honor”.

De allí, que la patria siguió siendo la negación de la libertad del individuo en las noveles  repúblicas hispánicas, como lo había sido en la monarquía.

La patria fue libre, al no depender más del extranjero, pero el individuo seguía careciendo de  libertad. Ya no dependía del poder absoluto de la metrópolis, sino de un Estado omnipotente. “La Patria es libre, en cuanto absorbe y monopoliza las libertades de todos sus individuos; pero sus individuos no lo son porque el Gobierno les tiene todas sus libertades”.

Fue lo que ocurrió en Venezuela desde el surgimiento de la nación en 1830 con la separación de la Gran Colombia. El cesarismo paternalista gobernó nuestra sociedad por más de 180 años, bajo la percepción que el ciudadano no es nada y el Estado lo es todo.

Otro fue el destino del pueblo norteamericano, los fundadores de los Estados Unidos de América, entendieron que no bastaba con ser independiente del extranjero, sino en ser cada ciudadano independiente de su Gobierno.

“Los hombres fueron libres porque el Estado, el poder de su Gobierno no fue omnipotente, y el Estado tuvo un poder limitado por la esfera de la libertad o el poder de sus miembros a causa de que su Gobierno no tuvo por modelo el de las sociedades griega y romana”, señaló Alberdi sobre Norteamérica en un Discurso pronunciado en el acto de graduación de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, el 24 de mayo de 1880.

“Washington y sus contemporáneos no estuvieron en ese caso, sino en el caso opuesto. Ellos conocían mejor la libertad individual que la independencia de su país, porque había nacido, crecido y vivido desde su cuna, disfrutando de la libertad del hombre bajo la misma dependencia de la libre Inglaterra”.

Mientras que Bolívar, San Martín, Sucre, Santander, Páez, entendieron la libertad en sentido de la independencia de la patria respecto de España. No defendieron la libertad individual entendida como límite del poder de la patria o del Estado.

Este ha sido nuestro caso en Venezuela, lo que nos llevó a tratar erróneamente los asuntos de nuestro crecimiento económico, nuestro desarrollo como nación, la concepción del trabajo, la creación y acumulación de la riqueza y la lucha contra la pobreza.

Esa concepción herrada del concepto de libertad primero en la visión de nuestros próceres y luego de los padres fundadores de nuestra república civil, dañaron los fundamentos de nuestra incipiente república, facilitando las condiciones para el advenimiento de la continua destrucción económica de Venezuela.

De modo que concebir al individuo como capaz de producir riqueza, de producir bienes y servicios de calidad es una noción que no encaja -ni encajó- en la mentalidad de nuestros gobernantes.

Bajo ese concepto errado de libertad se formaron nuestros dirigentes, quienes, una vez alcanzado el poder,  asumieron el gobierno como si se tratara de una Junta Administradora de Recursos, y no de una Gerencia Estratégica para la Producción de Riqueza.

Antes que el individuo libremente creara riqueza, les preocupaba más como redistribuir la riqueza petrolera del Estado. Una riqueza que aún no existe, porque -como siempre lo defendió y sostuvo Carlos Rangel precursor del liberalismo económico junto a Juan Bautista Alberdi en América Latina -, “La riqueza se construye y acumula mediante el trabajo, la responsabilidad individual y el buen funcionamiento del Estado de Derecho”.

Es por ello que el individuo quedó subordinado primero a la patria y después al Estado, quien movió toda la maquinaria económica y social creando toda una inmensa maraña compleja e irracional de subsidios, ayudas, dádivas, dependencia y favores que desembocaron, finalmente, en el hecho monstruoso e insostenible de una nación fundamentalmente subdesarrollada que vivía de la riqueza creciente del Estado y del gasto publico.

Nuestra lamentable experiencia confirma trágicamente dos reflexiones similares del fundador del monetarismo y Premio Nobel de Economía, Milton Friedman; una según la cual “la libertad económica es un requisito esencial de la libertad política”, y otra no menos importante y no menos trágica, según la cual “una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad”.

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