Aseguran que es falso lo del vandalismo a la obra de Cruz-Diez en Maiquetía

Los azulejos de la Cromointerferencia de color aditivo de Carlos Cruz-Diez se desmoronan. Pero una muchacha que integra el personal de mantenimiento del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía no da crédito a la especie que tanto ha circulado por redes sociales de que los emigrantes “se llevan pedazos de la obra para reconstruirla a su regreso”. Cuenta que las piezas se desprenden del piso y, cuando se barre el lugar, simplemente se desechan.

El asunto, que tuvo auge por una nota publicada por El Nuevo Herald de Miami y terminó convertido en chiste por El Chiguire Bipolar, ha sido difundido por personalidades, periodistas, opinadores, portales y demás usuarios de las redes sociales que insisten en hablar de “saqueos“, “vandalismo“, “marginalidad” y “destrucción“. Pero solo la última palabra aplica, y no para los viajeros.

Laura Valderramo, empleada de la aerolínea Laser, pasa buena parte de sus jornadas de trabajo en el counter de la empresa, ubicada en el lobby del aéropuerto. Ella nunca ha visto a nadie arrancando alguna pieza del piso, pero se enteró de la especie “por internet” y no duda en decir que, si pasa, es “robar también”. “Critican y hacen lo mismo, el gobierno no hace nada ante las condiciones en las que se encuentra la obra. Me parece ilógico llevarse un pedacito de algo emblemático”, comenta.

Otros trabajadores del recinto niegan haber sido testigos de tal “saqueo” o de alguna actividad por parte de los usuarios que ponga en riesgo la obra cromática. “Probablemente se llevan las piezas sueltas y uno piensa que se agachan a amarrarse los zapatos”, dice un agente de la aerolínea Turkish Airlines.

El arquitecto David Viloria desmiente que los transeúntes de la terminal puedan sacar fácilmente un azulejo, pues para despegarlo se requiere de un martillo y un cincel. “Es como despegar una cerámica del piso de su casa, y eso que la pega que se utiliza es muy sencilla y no es de alta resistencia en comparación a la que se usó en el aeropuerto”. El piso decorado mide 2608 metros de largo y está conformado por una serie de mosaicos originalmente importados desde París, Francia. “Los mosaiquitos se trancan entre ellos. Cuando se despega uno, quedan sometidos a esfuerzos axiales para los cuales no están diseñados, y como tiene tanto tráfico es posible que se vayan saliendo”.

La falta de mantenimiento, la retrasada restauración y el tránsito constante sí lo van degradando, haciéndolo vulnerable, agrega el también profesor jubilado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. A su juicio, tampoco los azulejos que son recopilados por quienes hacen la limpieza habitual pueden ser guardados para ser reinsertados. “Hay que traer mosaicos nuevos. Ellos no vienen individuales, sino en una pieza enorme adheridos a una malla. Eso no se puede colocar mosaiquito por mosaiquito. Eso de que la gente los está arrancando con una uñita para llevarse un recuerdo del piso es imposible, no sé de dónde sacaron esa locura”, explica.

Entonces, explica el especialista y concuerda el restaurador Francisco Camino, tomar alguno del piso y sumarlo al equipaje de despedidas no hace ni más ni menos. Pero en tiempo de postverdad, las redes sociales pueden más, al igual que el apego por una obra emblemática que ha identificado los viajes aéreos internacionales en el país y al éxodo de la última década.

El psicólogo Héctor Vivas describe la acción como un acto simbólico que puede representar “la resignificación de ese espacio para el venezolano que se va”. El egresado de la Universidad Católica Andrés Bello cita a la autora Melanie Klein quien refiere que por medio de los recuerdos el hombre logra integrar a los otros en su psique. “En el caso de Venezuela, el que se va lleva consigo una imagen tan destruida que pareciera que es ese pedazo de cerámica está cargado de afectos, de dolores, de llantos, pero también de esperanza. Es una manera de mitigar el dolor que genera llevarte esa última imagen de tu país. Es un intento de reconstruir en la psique aquello que está ya destruido de forma simbólica a través de la fantasía, es decir, llevándote la cerámica para un día regresar y reconstruirla”, afirma Vivas.

Reportaje de El Estímulo.

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